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Qué hacer en Marruecos 1

Qué hacer en Marruecos

Si vas a visitar Marruecos hay ciertas cosas que no deberías dejar de hacer
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Si vas a visitar Marruecos hay ciertas cosas que no deberías dejar de hacer, es por eso aquí en Turismo.org te damos las mejores recomendaciones sobre qué hacer cuando te encuentres allá en Marruecos y disfrutes al máximo de tu estadía, sea ya conociendo algo de su cultura, saboreando lo más selecto de su gastronomía o sorprendiéndote con la gran cantidad de sitios turísticos y monumentos que tiene reservado para tí.

-Visitar a un santo y si se presenta la ocasión, pedirle que te prepare un talismán o recete una pócima para resolver los males que te atormentan. Luego te encaminarás a las tiendas especializadas en venta de estos misteriosos productos (aves, huevos de serpiente, lagartos, y un sinfín de extrañas cosas) y pedirás tu ashub, que bien aplicado te devolverá ese amor perdido, esa quebradiza salud o te apartará definitivamente de alguien con quien no sabes cómo romper.

Los marabutos gozan de mucho prestigio entre la población, a ellos se acude para consultarles todo tipo de problemas. Los descendientes de un marabuto que han sabido mantener el prestigio de la familia y heredado los conocimientos de sus predecesores, siguen siendo santos muy visitados por sus seguidores. Los santuarios suelen estar en los cementerios, y no suponen un lugar tétrico ni macabro, como sucede en los occidentales y del medio oriente. Son espacios públicos adonde acuden familias, enamorados, pastores con sus animales y muchos devotos para visitar al santo.

Incluso hay santas en este poco ortodoxo mundo islámico como Lalla Mennana (Larache) o Lalla Maimuna. Por los cementerios recalan toda una retahíla de personajes que nomadean por el territorio, algunos con aspecto bíblico de iluminados como los exóticos Bujalis. Estos confeccionan sus atuendos a base de los jirones de prendas íntimas que a modo de exvoto han ido dejando los fieles peregrinos.

– Asistir a una boda si tienes la suerte de que te inviten. No lo dudes y ponte tus mejores galas. Te perfumarán hasta la saciedad con agua de azahar, comerás los mejores manjares de una rica gastronomía, bailarás al ritmo del darbuga y la ghaita, tocarás las palmas hasta tenerlas enrojecidas, con suerte probarás el maxún si te ven triste, caerás en un dulce sueño al amanecer, y cuando despiertes a lo mejor resulta que estás felizmente acompañado.

-Si coincides con el Ramadán te empaparás bien del mes en el que todo el mundo se vuelve un poco más tradicional. Las noches son fantásticas en los cafetines, los espacios públicos y las casas. Hay un montón de costumbres que se revitalizan: así, aparecen cuentistas y trovadores por los cafetines para entretener a la gente antes de tomar los últimos alimentos. Por las noches y antes de amanecer hay unos despertadores-persona que pasan por las calles tocando un tamborcillo y una especie de trompeta muy larga. En las casas se cuentan historias de Yeha, una especie de pícaro que entronca con nuestra literatura medieval.

-Montar en tu auto a todo aquel que te lo pida por la carretera o en las diferentes paradas que hagas. Desvíate de tu camino y cambia, si puedes, el rumbo de tu viaje adaptándolo al de tu nuevo amigo.

-Bañarte en un hammam (baño turco) y dejarte sobar a fondo para que se te quiten los males de tu vida sedentaria.

-No perderte una romería o mussem. Son fiestas populares muy parecidas a la Romería del Rocío.

-Despréndete de todo aquello que te identifique como turista: bolsos, gafas de sol, ropas raras, cámara de fotos. Cambia calderilla abundante y camina tu solo hacia la Plaza Xemáa El Fná a pasar una jornada completa. Abre bien los ojos y devora ese espacio único donde cientos de artistas se buscan la vida. No olvides que todo el que mira, aunque no entienda lo que se habla, debe pagar. Allí podrás comer, beber y encargarle a alguno de los múltiples escribanos que te escriba esas cartas que tú no te atreves. Sólo tienes que darle algunas notas biográficas de la persona a la que irá dirigida y él se encarga del resto.

-Subir al monte en Tánger y entrar en el Café Hafa (Jafita) para extasiarte mientras observas tu país desde el otro lado en las escalonadas terrazas. Pedir un té con hierbabuena y fumarte un sipsi (pipa) del mejor kif de las montañas del Rif. Llenar de nuevo el sipsi, encenderlo y ofrecérselo a la persona que más cerca tengas. Si hay más de uno, repetir la misma operación.

Aceptar ese sipsi que te pasa tu vecino inmediato y aspirar profundamente las tres o cuatro escasas y cortas caladas que permite la pequeña cazoleta. Soplar con fuerza por el orificio por donde aspiras y expulsar la brasa ya agotada. Llenar el sipsi de nuevo, encenderlo y repetir como si estuvieras en una taberna donde cada uno paga una ronda. Seguir así hasta que no te interese observar más dónde está tu país y de qué lado estás tú.

-Tomarse un zumo de naranja natural de cualquiera de los puestos que se cruce por tu camino. En Marrakech son fabulosos.

– Darse una vuelta por cualquiera de los coloridos mercados o suqs.

– Comprar dátiles y pistachos.

– No perderse una visita a una tahona. Son hornos de leña públicos a los que acude la gente con su propia masa de pan, que suelen llevar marcada para distinguirla de las demás. En las medinas de Fez y Marrakech son lugares muy concurridos.

– Presenciar un atardecer desde la fortaleza de la ciudad de Essauira.

– Hacerse un harqus o encaje de henna en la mano o el pie.

-Y como escribe Juan Goytisolo en el capítulo VARIACIONES SOBRE UN TEMA FESÍ de Juan sin Tierra:
“desoriéntese en Fez
ayune de sol a sol atento al clamor abrupto de la sirena
entre en una mezquita y cumpla las abluciones rituales
recite de hinojos algunos versículos del Corán
fume unas cuantas pipas de Kif
disuelva varios gramos de maxún en un aromático vaso de hierbabuena.

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