México: País de tierras jóvenes México

México es un país de tierras jóvenes. Su población es joven, su geología incipiente, las selvas lujuriosas y los terremotos, ciclones y tsunamis devastadores

México es un país de tierras jóvenes. Su población es joven, su geología incipiente, las selvas lujuriosas y los terremotos, ciclones y tsunamis devastadores. Todo es un poco excesivo, telúrico. Es algo que se capta con nitidez aunque sin saber muy bien cómo.

Se desprende de los grandes murales de Rivera u Orozco, de la almibarada y mentirosa música de los boleros de Lara, de los tremendos corridos y rancheras que se desgarran más que se cantan en las cantinas, de los barrancos y quebradas de la Sierra Madre, de las nueve bahías de Huatulco, de las hondas miradas de los pueblos indios, del sentido semisagrado de la amistad, de sus treinta y cinco clases de chiles.

Otro rasgo indeleblemente aparejado a México es la alegría. Quizá por eso Raymond Chandler hiciera afirmar a Marlowe que no hay nada más triste que un mejicano triste. Es difícil pasar un minuto en México sin oír música: en los zócalos, en el bus, en algún radio lejano.

Un territorio de enorme variedad e innumerables atractivos: selvas impenetrables, volcanes, playas caribeñas, desiertos, barrancas, monumentos y culturas deslumbrantes, clavadistas y mariachis, villistas y zapatistas, malinches e indigenistas.

Quizá a alguien pueda llegar a exasperarle, enojarle o hacerle contar hasta mil. La gran mayoría lo amamos. A nadie deja indiferente.

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