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Las Vegas

Las Vegas un emporio de luces

La capital del juego del mundo, esa es la ciudad de Estados Unidos; Las Vegas, que es una de las que más ha crecido en los últimos diez años.
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La capital del juego del mundo, esa es la ciudad de Estados Unidos; Las Vegas, que es una de las que más ha crecido en los últimos diez años. Un emporio de luz que desde la Segunda Guerra Mundial sólo se ha detenido un día: cuando el presidente John Fitzgerald Kennedy fue asesinado. Con esa excepción, Las Vegas no ha cerrado sus casinos-hotel-teatros ni un segundo desde 1945.

Las-Vegas-300x225Las Vegas atrae a todo tipo de pecadores. Primero, por supuesto, a los tahúres, jugadores profesionales, burlangas de segunda o simplemente aficionados. Para jugar al póker hay lugares ya legendarios, como el Casino Horseshoe, en Fremont Street del downtown, muy cerca de los míticos vaquero y vaquera de neón Vegas Vick y Vickie. El Horseshoe celebra cada año el campeonato mundial de Texas Holdem.

El Casino Mirage, en plena strip, también mantiene sus mesas de póker abiertas las 24 horas y normalmente hay cola para jugar. Pero los novatos o poco experimentados harán mejor en jugar en lugares como el Montecarlo, también en la strip, o en el MGM, el hotel más grande del mundo, con más de 5.000 habitaciones e inconfundible con su brillo esmeralda. Ambos casinos suelen acoger en sus salas de póker –la del MGM es preciosa- a jugadores menos profesionales, y las cantidades que se juegan son también más moderadas.

Pero además del juego, en esta ciudad hay múltiples posibilidades para el pecador. El Casino Stardust lleva más de una década programando cada noche el espectáculo Enter the night, donde el plato fuerte es el de las preciosas bailarinas en top-less.

Quienes busquen emociones más fuertes pueden enterarse si esa noche hay algún combate de boxeo, bastante habituales y, además, las finales de los campeonatos del mundo de pesos pesados, ligeros, superligeros, medios, etcétera, suelen celebrarse en algún casino de Las Vegas desde hace ya unos cuantos años.

A los que les repugna la violencia de tipos como Tysson o De la Hoya, se les puede recomendar algún go-go bar de strip-tease, con mujeres monumentales que por unos diez dólares llegan a bailar en la misma mesa del cliente acercándose a centímetros, y por unos 50 en un reservado. Eso sí, está absolutamente prohibido poner las manos en la masa; una infracción puede conllevar un disgusto serio, ya que el personal de seguridad de estos garitos parece haberse escapado de un concurso de fisicoculturistas. Los locales de este tipo con mejor reputación son el Déja Vu, en Industrial Road –paralela a la strip, hacia el norte-, el Crazy Horse, el Little Darling, cerca del downtown, Cheetah’s y el famoso Palominos, en la zona de North Las Vegas.

En cuanto a las puras y llanas copas, el bar del Hard Rock, en Paradise Road, a un palmo de la strip, tiene marcha cada noche, mientras que enfrente, El Paradise es un reputado local de top-less.

Pero esta vida tan intensa requiere una preparación especial, unos cuidados imprescindibles en los que Las Vegas es insuperable, entre otros motivos por sus precios de auténtica ganga.

Así, abundan los hoteles de lujo cuya parte trasera es un motel de precios ajustadísimos. Hay que empezar en el comedor del mismo pegándose un desayuno americano de aúpa, para recorrer luego la famosa strip donde se alinean los principales casinos, empezando por el primero en inaugurarse aquí, el mítico Flamingo´s del gangster Bugsy.

Al anochecer hay que visitar el Treasure’s Island, en cuyo lago artificial se celebra cada hora y media una auténtica batalla naval entre un galeón pirata y una fragata inglesa, con fuego y hundimiento de los británicos incluido en el guión. Junto al Treasures’s, en el jardín del Mirage, entra en erupción un volcán también cada hora.

Mientras llega la hora de la cena, los pecadores más atrevidos pueden visitar la fantástica colección de arte moderno exhibida en el alucinante casino Bellagio, uno de los más nuevos de la ciudad. En la sala se expone un Picasso, un Gaugin, un Monet y un Pollock, entre otros.

Para cenar hay una dirección imprescindible: el Casino Río. Por unos 12 dólares se tiene acceso al mejor bufé de Estados Unidos: platos mexicanos, chinos, sushi, carne autóctona y de postre, tartas, pasteles y helados excelentes. Y todo de una calidad nada habitual en los típicos bufés de los hoteles norteamericanos.

¿Y discotecas? Studio 54, en el MGM, es estos días una de las mejores, junto con la House of the Blues en el casino Mandalay Bay. The Beach, por su lado, en la zona del Stratosphere, es la favorita de los más desmadrados, gracias a sus camareras que montan shows en plan “Bar Coyote”. Y no hay que olvidar lo más importante en una ciudad como Las Vegas: nunca hay que jugarse algo que no se pueda perder, ni el tipo ni la hacienda.

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