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Historia de Portugal

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De Lusitania al reino de Portugal

La historia de Portugal es inseparable de la de España hasta la Edad Media. En el siglo II a.C. pasó a formar parte de la provincia romana de Lusitania y en el V fue ocupada por los visigodos. Los musulmanes llegaron tres siglos después, hasta que, a principios del siglo XI, Fernando I de Castilla y León incorporara a su reino parte del territorio luso. Sin embargo, los nuevos condes no aceptaban esa dependencia y la rebelión no tardaría en llegar: en el año 1143 Alfonso I se proclamó rey de Portugal y en el 1179 el Papa reconocería la independencia del país.

Entre los siglos XII y XV el reino portugués se convirtió en un estado sólido en todos los ámbitos. Los descendientes del rey Alfonso completaron la expulsión musulmana, crearon la primera universidad en Coimbra y convirtieron a Portugal en uno de los mayores poderes coloniales del mundo. A mediados del siglo XVI el Imperio comenzó a desmoronarse política y comercialmente bajo el mandato de Juan III, y en 1580 murió el último miembro de la dinastía de los Avis.

Las dinastías de los Habsburgo y los Braganza

El país pasó a manos de la monarquía española de los Habsburgo, no muy afortunada en el relevo del poder. La pérdida de las Indias orientales y que los monarcas trataran a Portugal como una provincia española provocó sendas revueltas que culminaron en 1640 con la independencia del reino. Juan IV se convirtió en el primer rey de la casa de Braganza, que ocuparía el trono hasta la proclamación de la República.

Durante el siglo XVIII, Portugal recuperó parte del esplendor perdido años atrás. Los sucesores de Juan IV, a pesar de gobernar despóticamente, fomentaron la industria y la educación y consiguieron enriquecer el reino al acabar con el monopolio extranjero del comercio. Con la llegada de las Guerras Napoleónicas, Portugal se alió con Gran Bretaña en contra de Francia. Ello no impidió la invasión del ejército francés, lo que llevó a la familia real a instalarse en Brasil, que a su vez, proclamaría su independencia en 1822.

El nacimiento de la República

En los años siguientes, la monarquía portuguesa asistiría a su debilitamiento como consecuencia de los continuos conflictos internos entre absolutistas y constitucionalistas. A principios de este siglo, las crisis se agudizaron con el surgimiento de distintos movimientos republicanos de carácter radical. El fin llegó en octubre de 1910, cuando el Ejército y la Armada dirigieron una revolución que proclamó la República.

A pesar de las ilusiones de muchos portugueses, el cambio de régimen estuvo presidido por la inestabilidad y los conflictos. La turbulencia política, las revueltas populares y un golpe de Estado, marcaron la historia del país hasta la llegada de Salazar al poder en 1928.

El régimen de Salazar

Salazar pronto se convirtió en la figura política más importante de Portugal. Restableció el poder de la Iglesia y convirtió al país en un Estado corporativo y dictatorial, con una economía encorsetada en el que las libertades y los derechos humanos brillaban por su ausencia.

A pesar de su condición neutral, -aunque sus simpatías estaban con el eje nazi- durante la II Guerra Mundial, ésta afectó negativamente a Portugal. Su economía e industria se resintieron notablemente, y al finalizar la contienda, la pobreza y el desempleo aumentaron de forma alarmante. El régimen, sin embargo, seguía manteniendo con firmeza su talante itario y sofocaba inmediatamente cualquier intento de revuelta, incluyendo las que amenazaban sus dominios en las colonias africanas. La represión en el interior y en sus territorios de ultramar iban a acelerar el fin de la dictadura.

De la Revolución de los claveles a nuestros días

En septiembre del 1968, Caetano relevó a Salazar, al tener éste que abandonar el puesto de primer ministro por motivos de salud. El 25 de abril de 1974, un grupo de oficiales derrocaba al gobierno de Caetano en la llamada Revolución de los Claveles, dando término a cincuenta años de régimen antidemocrático y represivo y haciendo que en la vecina España los más reverdecieran sus ilusiones y los menos se echaran a temblar.

A pesar de la inestabilidad de los primeros años la democracia no tardaría en fortalecerse y a partir de los años 80 el país pronto se modernizó económica y socialmente.

Portugal se encuentra plenamente integrado desde mediados de los noventa en Europa, celebró brillantemente la Expo 98 y a pesar de las dificultades exteriores y mantiene un ritmo de crecimiento firme y sostenido.

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