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Convento del Desierto de los Leones

Venustiano Carranza declaró Parque Nacional al Desierto de los Leones en 1917, un bosque de pinos, oyameles y encinos, con mapaches, conejos y ardillas.
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Venustiano Carranza declaró Parque Nacional al Desierto de los Leones en 1917, un bosque de pinos, oyameles y encinos, con mapaches, conejos y ardillas. Un bosque muy cercano a la ciudad de México; una maravillosa zona boscosa con sus cerros, barrancas y manantiales que abastecen de agua a la zona poniente de la capital de México. Para esa fecha, el convento de los Leones ya estaba abandonado y sus ruinas comenzaban a llenarse de plantas trepadoras.

En la primera década del siglo XVII, fray Andrés de San Miguel construyó este convento (el Convento de El Carmen y el Colegio de San Ángel, y otros) dedicado a los carmelitas, y a su contemplación, y quienes en 1600 llegaron a México desde Italia. Tenían la costumbre de, a manera de penitencia y reposo espiritual, habitar los llamados “Desiertos”, palabra empleada por ellos para referirse a lugares aislados, boscosos, pintorescos y alejados del bullicio humano. En estos sitios los frailes realizaban penitencias. El Desierto de los Leones de Cuajimalpa fue la primera construcción que la orden decidió levantar, desde sus cimientos, en México, encontrando apoyo de benefactores locales y extranjeros.

En 1722 y 1739, el edificio sufrió daños a causa de un temblor y de un incendio, respectivamente. Se cuenta que en el incendio se quemó el cuarto principal, la panadería y la librería, y que los frailes lograron apagar el fuego valiéndose de un velo blanco que perteneció a Santa Teresa y que guardaban en un relicario.

El nombre “de los Leones” es un misterio; sin embargo, hay quienes aseguran que remite a una extraña pelea legal entre unos hermanos de apellido León contra un tal José Patiño Ixtolinque, quien pretendía ser dueño de la propiedad en la que se encuentra el convento. Patiño fue hasta España donde, después de muchos trámites y peripecias, logró ganar el título de la tierra; sin embargo, murió al poco tiempo en Europa sin poder pisar las tierras que ya eran suyas.

En 1814 los carmelitas abandonaron el convento y se mudaron a los montes de Nixcongo, en el Estado de México, y entregaron el Desierto de los Leones a la jurisdicción de la Ciudad de México, para administrarlo como parque.

Uno de los lugares más frecuentados y visitados dentro del convento son los llamados “túneles”, pasillos angostos y sin iluminación, a los que se puede entrar por la parte posterior del patio, con la ayuda de una vela para iluminarse. Se creía que tales pasillos eran parte de un acueducto debido a la tremenda humedad que los caracteriza; también se les tenía por un lugar de castigo para los frailes. Pero el verdadero uso de estos subterráneos, obscuros y aislados, era proteger y guardar los restos de los monjes que iban muriendo.

Fuera del convento encontramos agradables restaurantes que ofrecen deliciosas y sencillas especialidades, tiendas de artesanías, estacionamientos, áreas para comer al aire libre con merenderos y asadores. Lamentablemente, el bosque se ha deteriorado debido al saqueo inmoderado del hombre y a los efectos de una plaga de gusano descortezador que lo invadió. Debido a la altura del parque, el clima generalmente es frío.

Enviado por Jesús Blanco

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